El proceso de desacondicionamiento de siete años avanza a través de capas, y el segundo año es donde el trabajo se vuelve hacia adentro de una manera que puede resultar sorprendentemente personal. Si el año sigue
Segundo año de desacondicionamiento: liberación del acondicionamiento del centro abierto
El proceso de desacondicionamiento de siete años avanza a través de capas, y el segundo año es donde el trabajo se vuelve hacia adentro de una manera que puede resultar sorprendentemente personal. Si el primer año trataba sobre el cuerpo (sobre notar las sensaciones, el hambre, el sueño, el movimiento y la simple mecánica del ser físico), el segundo año pregunta algo más profundo: ¿quién creías que eras y quién te lo dijo?
Este es el año de los centros abiertos. No porque los centros abiertos no estuvieran involucrados antes, sino porque es entonces cuando su condicionamiento se vuelve lo suficientemente visible como para trabajar con ellos. La amplificación y el muestreo que han estado funcionando silenciosa o ruidosamente de fondo desde el nacimiento ahora emergen de una manera que ya no se puede ignorar.
La naturaleza del condicionamiento de centro abierto
Un centro abierto es un lugar donde el diseño no tiene una forma fija y consistente de procesar un tipo particular de energía. Cada centro abierto funciona según el mismo principio: muestrea, amplifica y capta la firma energética de las personas y los entornos que lo rodean.
El patrón de condicionamiento es simple e implacable. Alguien entra a una habitación y sientes su saludo. No sólo lo notas: lo absorbes, lo amplificas y empiezas a vivir como si fuera tuyo. Con el tiempo, la estrategia de intentar ser lo que uno acepta se convierte en la identidad misma. Un plexo solar emocional abierto se convierte en "el emocional". Un centro G abierto se convierte en "el perdido" o "el que necesita dirección". Un ajna abierto se convierte en "el que tiene que resolverlo todo".
Esto no es lo que eres. Esto es para lo que has sido condicionado a ser.
¿Qué cambia en el segundo año?
El segundo año es cuando el mecanismo de muestreo comienza a perder su control. No todo a la vez, y no de manera predecible, pero la conciencia llega con creciente claridad: No soy esta ola. Yo no soy esta confusión. No soy esta necesidad constante de ser algo que no soy.
El cambio suele ser sutil al principio. Quizás notes que puedes sentarte en una habitación llena de gente y no caer en el estado de ánimo de otra persona. Es posible que sientas la necesidad de asumir la identidad de tu pareja o la dirección de una familia y luego te observes haciéndolo, con una especie de compasión indiferente. El condicionamiento no desaparece, pero la relación con él cambia. Te conviertes en testigo en lugar de vehículo.
Este es también el año en el que el cuerpo emocional entra en foco. Para aquellos con un centro emocional abierto, este año puede parecer un ajuste de cuentas emocional. Las viejas ondas que inconscientemente habían estado entumeciendo o actuando ahora exigen atención. Puede que llores más, o sientas más, o finalmente permitas el dolor y la alegría que siempre estuvieron ahí debajo de los patrones prestados.
La capa de identidad
El segundo año suele denominarse el año de la identidad porque los centros abiertos condicionan la identidad de manera muy directa. El sentido del yo se construye a partir de las energías que hemos probado. Con un centro G abierto, la pregunta "¿quién soy yo?" se convierte en un zumbido de fondo que dura toda la vida, no porque estés perdido, sino porque te has estado definiendo a ti mismo según las instrucciones de los demás.
En el segundo año, la cuestión comienza a disolverse. No porque finalmente encuentres la respuesta, sino porque dejas de necesitar una del exterior. El "yo" construido a partir de un amor prestado, un propósito prestado y una dirección prestada comienza a adelgazarse. Lo que queda debajo no es un yo más pequeño: es el yo real, el que no necesita ser llenado.
Para aquellos con un centro emocional abierto, la identidad se construye sobre ondas emocionales. Te conviertes en el estado de ánimo, los altibajos, la realización del sentimiento. En el segundo año, la ola se vuelve reconocible como una ola. Dejas de ser sacudido por eso. El condicionamiento del centro abierto es la creencia de que tú eres el clima emocional; el descondicionamiento es el reconocimiento de que eres el cielo.
Qué superficies y cómo trabajar con ellas
El segundo año no te pide que hagas nada heroico. Te pide que estés presente con lo que se mueve a través de ti. Los centros abiertos seguirán tomando muestras, esa es su naturaleza. Lo que cambia es la velocidad con la que reconoces la muestra como extraña y vuelves a tu propio diseño.
En la práctica, esto podría verse así:
- Darte cuenta de cuándo has captado el estado de ánimo de tu pareja y registrarlo suavemente.
- Descubrirte siguiendo una dirección que no es la tuya
- Sentir la ola emocional sin convertirse en ella.
- Reconocer la confusión como la amplificación de la certeza de otra persona.
- Liberar la identidad construida a partir de las expectativas de los padres.
El trabajo no se trata de cerrar los centros. Ese no es el diseño. La obra se trata de no ser devorados vivos por lo que pasa a través de ellos.
Avanzando hacia el tercer año
Al final del segundo año, los centros abiertos comienzan a asumir su función correcta: muestrear sin absorción, amplificar sin identificación, ofrecer sabiduría sin peso. El condicionamiento afloja su control. El cuerpo del Año Uno ha proporcionado una base; la identidad del Año Dos ha despejado un espacio.
Lo que viene después es la capa mental, el ajna y la cabeza, el mundo de la mente y el concepto. Pero ese es el trabajo del Año Tres. Por ahora, el segundo año es suficiente. Pide paciencia, presencia y voluntad de liberar la identidad que nunca fue tuya.
Los centros abiertos nunca fueron destruidos. Estaban esperando que dejaras de vivir como si lo fueran.


