De las tres familias de cruces en Diseño Humano, la Cruz de Yuxtaposición es la más predestinada. Donde la Cruz del Ángulo Derecho lleva un destino personal y la Cruz del Ángulo Izquierdo
La cruz de yuxtaposición del pensamiento
El ángulo: destino fijo
De las tres familias cruzadas en Diseño Humano, la Cruz de Yuxtaposición es la más predestinada. Mientras que la Cruz del Ángulo Recto conlleva un destino personal y la Cruz del Ángulo Izquierdo conlleva un karma transpersonal, la Cruz de Yuxtaposición conlleva un destino fijo: un propósito establecido, inamovible y que debe ser trabajado. La persona no eligió esta tarea y no puede salir de ella. Llega como un hecho, y toda la vida es el encuentro con ese hecho.
La yuxtaposición en sí se refiere al encuentro entre los soles consciente (personalidad) e inconsciente (diseño). Estas dos fuerzas están una al lado de la otra, reflejándose una a la otra, sin dominar a ninguna. La vida se vive en la tensión y el reconocimiento entre ellos. Aquí hay menos espacio para la reinvención que en los otros ángulos; el trabajo es arreglar algo en el campo colectivo, no crear algo nuevo.
Tema de la vida: La presión de saber
El Sol de la Personalidad en la Puerta 61 (Verdad Interior, la Puerta del Misterio) ancla esta cruz en el estrato más profundo de la conciencia. La Puerta 61 se encuentra en la cúspide del Centro Coronario y lleva la presión de la existencia misma: el impulso de penetrar el misterio, de saber lo que está oculto, de tocar la fuente. Es la puerta de la Esfinge y su tema es el largo y paciente enfrentamiento con lo desconocido.
Para alguien que porta la Cruz de Yuxtaposición del Pensamiento, la mente es el instrumento predestinado. Pensar no es un hobby ni una profesión; es el vehículo del propósito. La presión por comprender es implacable y la vida se organiza, una y otra vez, en torno a momentos en los que hay que afrontar la verdad, a veces como revelación, a veces como crisis, siempre como reconocimiento.


